MEJILLONES; EL PARIENTE NO TAN POBRE


Los mejillones son una importante fuente de hierro y tienen gran valor nutritivo / Foto Cuchiflitos

Aunque pueden encontrarse en el mercado casi en cualquier época del año, es en los meses fríos cuando el mejillón se encuentra en su mejor momento.
Aunque hay quien considera que su calidad gastronómica es menor que la de otros de sus parientes, como las ostras o las almejas, los mejillones tienen un excelente sabor, un gran valor nutritivo,  ya que 100 gramos de carne de este molusco aporta 10,8 gramos de proteínas. También es rico en hierro, con casi 8 gramos por cada 100 de mejillones, una cantidad superior a la que aportan muchas carnes y pescados.
Los árabes no les tenían mucho aprecio pero sí los romanos, que comenzaron a consumirlos en grandes cantidades y a cultivarlos recogiéndolos en sus criaderos y llevándolos a otros emplazamientos para que pudieran reproducirse. En España, Felipe II los tomaba con asiduidad, preparados por uno de los cocineros de la corte, de origen gallego. Sin embargo, buena parte del mejillón que se suministraba entonces procedía del puerto portugués de Aveiro, desde donde se transportaban a Castilla en barriles de madera.
Hoy son los gallegos los que gozan de fama mundial, aunque en la costa cantábrica la calidad no es desdeñable. Se cultivan mayoritariamente en bateas, de donde proceden los que se encuentran en la mayor parte de los mercados nacionales, aunque en las zonas costeras es posible encontrarlos recién arrancados de las rocas.
Los mejillones tienen grandes posibilidades culinarias y pueden consumirse al vapor, con limón, en escabeche, con tomate, rellenos, como ingrediente en ensaladas y sopas y acompañante en platos diversos.

MEJILLONES AL VAPOR

Mejillones antes de iniciar su cocción al vapor / Foto Cuchiflitos

Ingredientes


  • 1 kilo de mejillones
  • ½ cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 1 hoja de laurel
  • Aceite
  • 1 vaso de vino blanco
  • Un trocito de guindilla o dos cayenas (opcional)

Elaboración
Limpiar los mejillones retirándoles las adherencias de la concha y pasarlos por agua varias veces, hasta que salga limpia.
Rehogar la cebolla picada en juliana y el ajo laminado. Cuando esté pochado, añadir la hoja de laurel y el trocito de guindilla o las cayenas. Incorporar los mejillones y remover.
Añadir el vino blanco y remover de vez en cuando, hasta que los mejillones hayan abierto. Es el momento de apagar el fuego y dejar reposar unos minutos. Con el calor residual terminarán de hacerse.
No dejar en el fuego más tiempo del necesario para que abran porque corren el riesgo de hacerse en exceso; entonces perderían parte de su volumen y quedarían más secos.
Colar el líquido resultante de la cocción y reservar, o incluso congelar; es caldo excelente como base para preparar un riquísimo arroz.

Los mejillones se encuentran en los mercados todo el año/ Foto Cuchiflitos


Comentarios

  1. Bienvenida de nuevo por aquí! esos mejillones están para comérselos, vaya pinta, a mí también me gusta comerlos recién abiertos

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    1. Gracias, Petra. La verdad es que los mejillones están buenos casi de cualquier manera, pero recién abiertos es imposible resistirse. Bon apetit.

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