PASEOS POR EL CAMPO.- EL SAÚCO: MÁGICA PROTECCIÓN


Un gran número de leyendas ligan al saúco con la mitología europea haciendo pervivir la creencia de que sus ramas y flores, colocadas a la entrada de la casa y el establo, en el ramo de una novia o formando una cruz sobre una tumba, protegían familias y ganados de brujas y malignos, prometían un feliz y duradero matrimonio o aseguraban un plácido descanso en el más allá.

Además de este carácter mágico, la planta del saúco, incluidas sus ramas, hojas, flores y frutos, contiene principios activos que le atribuyen  propiedades antisépticas, sudoríficas, diuréticas o antiinflamatorias.

Si queremos disponer de estas flores durante todo el año tenemos que recogerlas ahora, en primavera, cuando el saúco está en plena floración. La hora ideal para hacerlo es a primera de la mañana y, en cualquier caso, nunca a pleno sol.

Para no dañar la planta es necesario llevar tijeras con las que cortar las flores  y un  cesto pequeño donde depositarlas; cortaremos sólo las necesarias y para su secado las colocaremos sobre una superficie plana en un lugar a la sombra y bien ventilado.

Una vez perdida la humedad, las  conservaremos en un frasco cerrado para, en el momento adecuado, preparar con ellas una infusión con la que aliviar el ardor de una quemadura, refrescar la  piel irritada por eczema, calmar  la tos nocturna o simplemente para verterla en el agua caliente de un baño relajante.

Los frutos del saúco son aromáticos y ricos en antioxidantes; se usan en la elaboración de mermeladas y licores pero, a diferencia de las flores, su recolección se hace a finales de verano, cuando las bayas han madurado ya que antes son tóxicas.

Las ramas, de las que sólo es aprovechable la corteza se recogen en otoño, se usan también en infusión como diurético.

Para preparar una infusión echar una cucharada  de flores de saúco en un litro de agua hirviendo; antes de usar dejar reposar unos minutos.

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